Se avecinan elecciones.
Teóricamente importantes porque según nos dicen, de nuevo, aventuramos el futuro de una Europa formada a trompicones y puntazos. Una Europa que por ahora sólo ha funcionado mostrando su preocupación por el euro (el capital) y su desinterés por los europeos.
Capaz de hundir países hasta la humillación para salvar intereses privados.
Una Europa incapaz de tomar soluciones políticas nítidas porque carece de fondo ético para tomarlas.
Y a éstas elecciones se vuelven a presentar, para ganarlas, los mismos partidos que han logrado que Europa sea lo que actualmente es.
En España, de nuevo los grandes partidos, esos que claman por restricción de gastos, se repartirán unos cuantos millones.
En concreto, a los españoles nos costará 104.3 millones, según nos informa el Ministerio de Hacienda y recogido en los Presupuestos Generales del Estado. 75 millones para organización y 29.3 como subvención a los partidos.
Esos partidos que claramente nos han engañado. Que claramente nos han robado.
Que ocultan sus fechorías apoyándose mutuamente para que nada de los de ellos ni los suyos salga a la luz.
Partidos, como los nacionalistas, que invocan una Europa unida apoyándose en una España dividida.
Partidos, como el PP, que rompió de forma vergonzosa su programa, al día siguiente de ganar, o como el PSOE e IU capaces de rasgarse la camisa hablando de los otros, pero incapaces de reconocer errores (monumentales) o siquiera de limpiar de ladrones sus cuadros.
Aparecerán de nuevo los que digan que no todos son iguales, que existen políticos honrados.
Que son ellos los que tomarán el nuevo rumbo. Ojalá.
En "El rojo y el negro", decía Stendhal: "Las personas que uno honra son solamente bribones que han tenido la fortuna de no ser sorprendidos en el acto".
Dadas las circunstancias que nos rodean, pudiera parecer que Stendhal tenga razón.
Aparecerán los que clamen por el voto útil.
Los que reclamen una atomización con objeto de romper el binomio habitual.
Los que con datos en la mano te digan que no votar es dar votos a los grandes partidos.
Pero yo creo que diré que no me interesa nada lo que representan ni lo que hacen, porque creo que existen formas diferentes de hacerlo.
martes, 29 de abril de 2014
martes, 22 de abril de 2014
viernes, 4 de abril de 2014
Suárez como metáfora
Pasado ya en unos días la muerte de Adolfo Suárez, parece prudente analizar el fervor acaecido.
Pudiera ser que represente una opinión, la de una gran parte de la ciudadanía, sobre los valores que en tiempos de crisis deben tener los políticos.
Olvido, concordia y valentía
Y Adolfo Suárez-incluso en su cruel enfermedad- parece el arquetipo representativo de esos valores.
Capacidad de olvido de lo que había sido y capacidad de olvido de lo que los demás habían sido.
Valorando que existen momentos en que es preferible olvidar pasados oscuros si lo que se intenta es buscar un presente claro.
Capacidad de concordia con todos ( PSOE, PC, nacionalismos...), cediendo una parte de tus intereses para lograr un interés general.
Valor suficiente para afrontar decisiones que aunque te pongan en peligro personal, supongan un avance para el resto de la sociedad.
Estos valores, fueron representados en distintas medidas por toda una clase política que valoro que merecía la pena el esfuerzo, para lograr un futuro mejor.
Quizás una mayoría de los ciudadanos, hayan querido patentizar, en el adiós a Suárez, la exigencia de
una acción política común para solucionar problemas comunes
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