Se casaron mis cuñados y quisieron que oficiara un acto
familiar de celebración.
Les dije esto:
Hace años decidisteis que vuestro amor era lo bastante
fuerte como para hacer de vuestras vidas una vida en común.
Ahora habéis decidido proclamarlo, ayer a la sociedad y hoy
lo decís con júbilo delante de vuestras familias.
A vosotros ya no es necesario daros advertencias sobre el
amor ni sobre la convivencia.
Ya sabéis que el amor es mucho más que el enamoramiento.
Que son fantásticas las noches de pasión, pero que dormir
con las manos enlazadas también es amor.
Que a veces cenar
juntos con una copa de vino, supera a
cenas en París.
Que hay miradas más hermosas que poemas de amor y señales
más elocuentes que largas conversaciones.
Que ceder es una victoria y que amoldarse al otro es una
forma de amoldarse a si mismo.
Ya sabéis lo del amor en la enfermedad.
Y sabéis que cuando quisisteis estar con el otro, en el lote
se incluían padres, hermanos, tíos, primos y cuñados. Amigos, conocidos y costumbres
que no eran las tuyas.
Nada pues que deciros pues todo lo tenéis ya vivido.
No obstante quiero leeros este texto de Khalil Gibran:
“Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre.
Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros
días.
Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios.
Mas dejad que en vuestra unión crezcan los espacios.
Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.
Amaos uno a otro, mas no hagáis del amor una prisión.
Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de
vuestra alma.
Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, mas no comáis de la misma hogaza.
Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de
vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces.
Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren
con la misma música.
Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él.
Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros
corazones.
Y permaneced juntos, mas no demasiados juntos:
Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados.
Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del
otro”
Así pues;
Gavroche: ¿Quieres a Mirian como esposa y compañera para el
resto de tu vida?
Mirian: ¿Quieres a Gavroche como esposo y compañero para el
resto de tu vida?
Así antes nosotros os habéis declarado como marido y mujer
Podéis y debéis besaros ahora y muchas veces el resto de
vuestra vidas.
Sed felices